viernes, 11 de febrero de 2011

Estas son dos perlitas que encontré buscando por sitios tan comunes como puede ser cualquiera:
La primera, el folleto explicativo de unos protectores almohadillados para que los niños no se golpeen con los barrotes de la cuna:
Si alguien hace lo que dicen las instrucciones puede que el niño duerma seguro, pero va a tener unas pesadillas cosmogónicas. Lo bueno es que cuando crezca podrá cambiar su cuna acolchada por una estupenda celda con paredes también acolchadas y casi no notará la diferencia.

Otra joyita. Pastillas perfumadas para la taza del váter o para la boca, según interese.
¿Abrillantador del esmalte? ¿retarda la formación del sarro? ¿No suena un poco a pasata de dientes?  Quizá sea la solución para toda esa gente que le huele el aliento a váter. Esa gente que cuando se ahoga en el mar necesita dos socorristas, uno para que le haga el boca boca a él y otro para que le haga el boca boca al socorrista que le acaba de atender.

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