miércoles, 19 de enero de 2011

En el amor siempre sobra un brazo.

Cuatro brazos no ven más que tres
Los brazos son esos cilindros de carne que cuelgan a los lados del cuerpo, muy útiles para que no se nos caigan las manos al suelo, para ponernos inyecciones, para pagar en los aparcamientos y para bailar break dance. Sin embargo, los brazos son muy molestos cuando
uno se enamora, porque en el amor siempre sobra un brazo.
Vas al cine con tu novia y hay cuatro brazos para tres reposabrazos. ¡Ahí te sobra un brazo! No puedes hacer nada. Dices: «Ya sé, se lo pongo así por detrás». ¡Nooo! Porque los sillones de cine hacen efecto torniquete. Si la peli es larga se te corta la circulación. ¡Viendo Los diez mandamientos, Jesús de Nazaret o Rey de reyes hay brazos que se han llegado a gangrenar! El brazo incorrupto de Santa Teresa se quedó así de una vez que Santa Teresa fue con Franco al cine.
Si te quedas en casa a ver una peli con tu novia, los dos tumbaditos en el sofá, ¡vuelve a sobrar un brazo! Se te clava en las costillas. Lo que pasa es que los tíos no lo queremos reconocer. Te pregunta ella:
—¿Tú estás cómodo?
¿Por qué los mayores construyen los columpios siempre encima de un charco?
Nadie dice «¡No! Se me acaba de colar el codo entre dos costillas y me estoy palpando un pulmón». ¡Nadie! La frase es:
—Yo estoy perfecto, ¿tú cómo estás?
Peor es cuando uno se casa, porque pide la mano de una hija. Me parece una falta de sinceridad que uno pida las manos de las hijas cuando en realidad lo que le interesa
son los ojos, las tetas o los culos. ¿Usted no desconfiaría
si el Capitán Garfio viniera a pedir la mano de su hija?
En el matrimonio la gente pide la mano, se coge el brazo y luego ese brazo sobra. En la misma boda ya se ve. La novia tiene un ramo en un brazo y en el otro al novio. El novio tiene en un brazo a la novia, pero... en el otro, ¿qué? Ese brazo sobra. No vale para nada. Está tonto. Por eso cuando luego coge las arras, siempre se le caen.
En la cama es mucho peor. La intentas abrazar por detrás, en plan cucharita, y vuelve a sobrar un brazo. No sabes dónde meterlo. El pobre brazo se queda aplastado, le falta riego y se duerme. Hay brazos que se quedan tan profundamente dormidos que roncan. Y ella:
—Serás miserable, ¡ya te has dormido!
—No, yo no. Es el brazo, lo juro, que está roncando por los codos.
Todavía no tenemos una solución para cuando se te queda el brazo aprisionado entre el cuerpo de la persona amada y el colchón. ¡Con lo fácil que sería construir los colchones con un agujero! Podrías dormirte abrazando a la persona amada y acariciando al perro que duerme debajo de la cama.
Incluso en cuerpos perfectos, como los de Angelina Jolie y Brad Pitt, sobran brazos. Imagina la cara que se
le tuvo que poner al pobre Brad cuando ve ese brazo de Angelina todo ilustrado con los nombres de los amantes que ha tenido. Brad dice: «Nena, ese brazo sobra».
Chicas, pensadlo bien. Sin ese brazo remaríamos igual que vosotras en las barcas del Retiro. Cuando fuéramos dos bajo un paraguas no se quedaría un brazo fuera. Y, lo más importante, sin ese brazo oleríamos mucho mejor porque sólo tendríamos un sobaco.
La vida sigue, los hombres y las mujeres se seguirán amando, pero siempre habrá un brazo que seguirá sobrando.
Es así. En el amor sobran brazos y faltan manos.
Fin
¿Sabías que...?
En el mundo sobran 2.000 millones de brazos. Sin embargo, se ha calculado que si fueran extirpados y tirados a un volcán para comodidad de los amantes, sectores como los de la fabricación de guantes, mancuernas,
coderas y cabestrillos alcanzarían pérdidas cercanas al veinticinco por ciento, lo que sería prácticamente
inapreciable para la economía mundial.

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