Capítulo tres.
Un día apareció otro señor volador en el pueblo y el mago corrió a conocerlo. Él pensaba que hablar con el nuevo fenómeno le ayudaría a entenderse a si mismo, pero no fue así. Cuando llego al teatro del mago nuevo, lo único que encontró fue un curioso ingenio mecánico que servía para volar.
Cada día la situación era más difícil. El mago nuevo, además de volar, hacía otras cosas. Operaba la miopía de un miembro del público con un paraguas y lo más impresionante: se comía los cristales de una botella rota y la defecaba otra vez entera…Y aunque lo hacía todo con complejos aparatos tenía mucho más éxito que un mago que sólo volaba.
El mago que sólo volaba tuvo que cerrar su teatro y se quedó tan delgado que se lo llevó el viento.
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