domingo, 16 de enero de 2011

La única persona en el mundo capaz de volar.

Por fin el último capítulo. Ojo, contiene momentos no aptos para menores.
Capítulo séptimo y último
El mago usurpador hacía dos funciones al día, y en ambas estaban vendidas todas las localidades. La primera función fue muy divertida. La gente creyó que estaba en un espectáculo cómico. Falló el efecto del paraguas, después el mago tragó cristales de verdad y antes de empezar escupir sangre se subió al cacharro de volar. Los hilos se rompieron cuando estaba en lo más alto, cayó, las tablas del escenario cedieron y acabó en el foso. Allí fue donde escupió sangre por primera vez. Que no fue escupir exactamente, más bien fue toser. De todos modos aguantó poco sobre el suelo de foso. Cuando parecía que no podía caer más bajo, se oyó un crujido. El suelo del foso, debilitado por las galerías de los topos, cedió y el plagiador acabó bajo tierra. Ese pequeño detalle fue considerado por los topos como una intromisión y un plagio a su condición de vida, y enfurecidos se lanzaron sobre él y le comieron los ojos.
La segunda sesión fue magia de verdad. Primero salió al escenario el fenómeno capaz de curar la miopía. Lo hizo sin paraguas y además a todo el pueblo. La gente aplaudía entusiasmada y nadie notó como el oftalmólogo se retiraba para dejar paso al segundo de los fenómenos. Tal era la euforia que el mago comenzó a sacar de su ano botellas de champán para todos, frías y con tapón. La gente salió a la calle feliz, fascinada y sintiéndose testigos de lo imposible. A nadie le importó que aún faltara uno de los efectos que se anunciaba en el programa. La fiesta en la calle era de tal envergadura que la única persona en el mundo capaz de volar, subió hasta las nubes y pintó el mapa de su pueblo con todos los habitantes felices y sonrientes por primera vez en su historia.
Los que lo vieron lo contaron con tanta euforia que no hubo incrédulos y  por eso no se volvió a presentar magia en aquel teatro. ¿Para qué más?
Fin
 
¿Sabías que...?
En el mundo sobran 2.000 millones de brazos. Sin embargo, se ha calculado que si fueran extirpados y tirados a un volcán para comodidad de los amantes, sectores como los de la fabricación de guantes, mancuernas,
coderas y cabestrillos alcanzarían pérdidas cercanas al veinticinco por ciento, lo que sería prácticamente
inapreciable para la economía mundial.

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