viernes, 7 de enero de 2011

Las camas.

 Donde la horizontalidad campa a sus anchas
Unos de los seres más importantes para entender
nuestro paso efímero por la vida son las camas.
¿Qué es una cama?, se pregunta la gente que no sabe
lo que es una cama. Para el ojo inexperto una cama no
es más que ese animal cuadrúpedo cubierto con una colcha
que hay en los dormitorios y que sirve para darse un
golpe en el dedo meñique cuando estamos descalzos. Pero
una cama no sirve sólo para eso, la cama tiene un fin mucho
más noble: guardar las pelusas de polvo.
¿Y qué son las pelusas?, se pregunta la gente que no
sabe qué son las pelusas. Las pelusas son la vida que pasa.
Cuando dormimos, las camas absorben nuestro cansancio
y lo expulsan por abajo, convertido en pelusas. Por eso debajo
de las cunas hay tan pocas pelusas, porque los bebés
no descansan en las cunas. Gritan, lloran, dan patadas...,
pero el cansancio no lo sueltan, se lo quedan ellos. Y luego
se duermen por ahí, encima de cualquier cosa. Por
ejemplo, encima de una abuela... Si os fijáis, las abuelas
tienen el cutis lleno de pelusilla, porque se les duermen
los nietos encima.
No es lo normal, pero se han dado casos de bebés
que se han quedado dormidos varios días sobre una abuela,
y han dado lugar al llamado «efecto algodón de azúcar»,
que es cuando la pelusilla de la abuela se funde con el cardado
y la abuela entera parece un capullito de seda del
que acaba saliendo una mariposa. Ya digo que no es lo
normal.
Después crecemos y nos pasan a una cama normal.
Una cama nido, por ejemplo. Una cama nido siempre decepciona.
Oyes hablar de la cama nido y te imaginas algo
en un árbol. Luego la ves y piensas: «Como no rompa el
edredón de plumas...».
La auténtica cama nido es la del piso de estudiantes.
Más que «nido» es «cama madriguera». Esa cama hecha
por la madre del estudiante el día que lo deja en la ciudad...
y que no se ha vuelto a hacer jamás. Se va convirtiendo
en un amasijo de sábanas, mantas, colchas, compacts
de Sabina, apuntes... Ahí el estudiante vigoroso
horada una madriguerilla y se duerme agazapado como un
hámster. Esa cama tiene debajo unas pelusas como la barba
de Valle-Inclán, unas pelusas de polvo con denominación
de origen que si las tapizas te puedes hacer un puf.
El estudiante es un ser lleno de vida y cada día que
pasa deja debajo de la cama gran residuo vital de pelusas
de polvo. A veces en la cama del estudiante duerme una
estudiante chica, hacen el coito, y eso supone dosis extra
de polvo.
Pasa una cosa muy curiosa cuando unos estudiantes
hacen el coito en una cama madriguera de estudiante.
Hace ruiditos, «ñiqui, ñiqui, ñiqui...», y se molesta a la
persona que está en la cama del piso de abajo. Cuando
uno está en la cama y se oye a los de arriba hacer el coito,
molesta mucho, pero no porque no te dejen dormir,
no. Molesta de envidia, porque ellos están haciendo el
coito y tú no. De hecho, si tú estuvieras haciendo el coito,
no oirías sus ruiditos y serías mucho más feliz. Los
colchones de agua se inventaron con este silencioso fin.
Aunque no sé qué es peor, si sufrir ruiditos o sufrir goteras.
Lo realmente terrible es una gotera en una litera:
eso significa que tu hermano se ha vuelto a mear.
Conocemos poco las camas y están llenas de enigmas:
¿cómo se hace el colchón de una cama redonda? ¿Se
coge un colchón normal y se tira rodando por una montaña
de lija? ¿Dónde se pone la almohada en una cama redonda?
La verdad, para lo que va a durar ahí... Ahora, con
el futón de Ikea, se ha puesto de moda poner la cama en el
suelo. ¿Dónde guarda las pelusas la gente que tiene la cama
en el suelo? Eso tiene que salir por algún sitio. A lo
mejor le hacen una gotera de pelusas al vecino de abajo.
Las pelusas son las escamas de piel, los pelitos..., la
vida que se nos cae a lo largo de un día. Si no las barriéramos,
al final de una vida podríamos reconstruir nuestro
cuerpo otra vez y ser inmortales. Es bonito. Una cochinada,
pero bonito.
Nacemos en una cama y morimos en una cama.
Y cuando morimos dicen que descansamos en paz, pero el
que realmente descansa es nuestro colchón, que por fin se
jubila y no tiene que hacer más pelusas.

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