Capítulo dos.
Un día el hombre que volaba se enamoró de una señorita que tenía los pies preciosos, siempre en el suelo y tan prudente que sólo se casaría con él si éste compartía su secreto.
-Simplemente, vuelo. -Le dijo.
-No te creo.
-Es la verdad. Mira. -Y el mago se elevó, sin más.
-Lo siento, pero si no confías en mi lo suficiente como para contarme la verdad significa que no podemos estar juntos. Y baja ya, que te vas a caer.
El mago pasó la noche en vela inventando un complejo aparto con el que pudiera volar cualquiera. Él no lo necesitaba, ni lo iba a usar jamás, pero por la mañana le enseñó los planos a la chica y por la tarde se casaron.
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