martes, 28 de diciembre de 2010

Disculpad

Disculpad que haya tardado tanto en refrescar este blog pero es que he estado escribiendo un libro muy gracioso. Aquí mucha gente dirá: Qué excusa tan buena. Me la apunto. Pues no, no es una excusa tan buena. Por varias razones. La primera, porque es cierto. Es cierto que he estado escribiendo un libro, es cierto que es muy gracioso y es cierto que por eso no he posteado últimamente. Y si una excusa es verdad no es buena. Las excusas se acercan a la excelencia cuanto más se alejan de la realidad. “Disculpad que haya tardado tanto en postear pero es que me han salido cinco padrastros, uno en cada dedo y al cicatrizar se me han quedado pegados. Y, claro, con la mano palmípeda es muy difícil teclear en el ordenador”. Eso hubiera estado un poco mejor.
En segundo lugar, la excusa del libro no es buena porque contiene la locución “es que”. Eso es muy barato. Una excusa nunca puede empezar por “es que”, que es una ordinariez. Decir “es que” es como poner un parche, un remiendo o un trozo de celo y la excusa buena tiene que aspirar a mejorar el universo. “Estos días no he estado escribiendo en el blog y gracias a ello el Papa ha podido venir a España tranquilo ”
Las excusas, para acercarse al arte, han de ser mentira y mejorar el mundo. Las gentes serias, tales como ministros de asuntos exteriores, dependientes del Corte Inglés o apoderados de banca utilizan excusas vagas que sólo buscan salvar su pellejo y flaco favor le hacen al mundo. “Es que me ha sido imposible”, “Es que me ha surgido un tema familiar”, “Es que he tenido que atender otro asunto más exterior”… decir eso y no decir nada es lo mismo.

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